El Día Internacional de la Mujer, originalmente Día Internacional de la Mujer Trabajadora,[1][2] conmemora cada 8 de marzo la lucha de las mujeres por su participación en la sociedad y su desarrollo íntegro como persona, en pie de igualdad con el hombre. También se usa para hacer referencia a esta conmemoración el numerónimo 8M, por el día y el mes en que sucede.[3]
En la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas realizada en Copenhague en 1910, Clara Zetkin propuso y se aprobó la celebración del «Día de la Mujer Trabajadora», que se comenzó a celebrar al año siguiente:[1] la primera conmemoración se realizó el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. Desde entonces se ha extendido a muchos países.
En 1972, la Asamblea General de las Naciones Unidas, en su resolución 3010, declaró a 1975 «Año Internacional de la Mujer»,[2] y en 1977[4] invitó a los Estados a declarar conforme a sus tradiciones históricas y costumbres nacionales, un día como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.[5]
Esta fecha se utiliza para visualizar la desigualdad de género y para reivindicar la lucha por la igualdad efectiva de derechos para las mujeres en varios ámbitos. Suele celebrarse en casi todas las partes del mundo (ejemplo de ello es Italia y su «Festa della Donna»),[6] y es día feriado en algunos países.[5] Algunas corrientes feministas argumentan que no es un día que deba celebrarse o ser festivo debido al origen del mismo, sino que debe servir para la reivindicación de derechos.[7][8][9][10]
En España, a partir del 8 de marzo de 1910, la mujer accedió a la enseñanza superior en igualdad de condiciones que el hombre, cuando se aprobó una real orden que autorizó «por igual la matrícula de alumnos y alumnas», poco después de que Emilia Pardo Bazán fuera nombrada consejera de Instrucción Pública. Bien es cierto que antes, las pioneras de finales del siglo XIX habían comenzado a ir a la universidad, pues no existía ninguna ley en contra. No estaba prohibido simplemente porque la sociedad no contemplaba que una mujer quisiera estudiar y, mucho menos, que lo necesitara para ser una buena madre y esposa.
Hubo casos anteriores:
En 1785, María Isidra de Guzmán, conocida como la «doctora de Alcalá», obtuvo el grado de doctorado en la Universidad de Alcalá de Henares.
En 1849, Concepción Arenal se disfrazó de hombre para estudiar Derecho en la Universidad de Madrid.
Sin embargo en 1882 una real orden suspendió «en lo sucesivo, la admisión de las Señoras a la Enseñanza Superior». Seis años después, otra real orden acuerda «que las mujeres sean admitidas (...) como alumnas de enseñanza privada» pero con autorización. Tenían que pedir permiso al Ministerio de Instrucción Pública y conseguir que cada uno de los profesores firmara el impreso de matrícula comprometiéndose a garantizar el orden en el aula.[70] De este modo, el 8 de marzo de 1910, las mujeres pudieron matricularse en igualdad de condiciones que el hombre. Sin embargo, en otros países europeos tuvieron que esperar bastante más: por ejemplo, la mujer recién accedió a la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, en 1947.[71]
En España, a partir del 8 de marzo de 1910, la mujer accedió a la enseñanza superior en igualdad de condiciones que el hombre, cuando se aprobó una real orden que autorizó «por igual la matrícula de alumnos y alumnas», poco después de que Emilia Pardo Bazán fuera nombrada consejera de Instrucción Pública. Bien es cierto que antes, las pioneras de finales del siglo XIX habían comenzado a ir a la universidad, pues no existía ninguna ley en contra. No estaba prohibido simplemente porque la sociedad no contemplaba que una mujer quisiera estudiar y, mucho menos, que lo necesitara para ser una buena madre y esposa.
Hubo casos anteriores:
En 1785, María Isidra de Guzmán, conocida como la «doctora de Alcalá», obtuvo el grado de doctorado en la Universidad de Alcalá de Henares.
En 1849, Concepción Arenal se disfrazó de hombre para estudiar Derecho en la Universidad de Madrid.
Sin embargo en 1882 una real orden suspendió «en lo sucesivo, la admisión de las Señoras a la Enseñanza Superior». Seis años después, otra real orden acuerda «que las mujeres sean admitidas (...) como alumnas de enseñanza privada» pero con autorización. Tenían que pedir permiso al Ministerio de Instrucción Pública y conseguir que cada uno de los profesores firmara el impreso de matrícula comprometiéndose a garantizar el orden en el aula.[70] De este modo, el 8 de marzo de 1910, las mujeres pudieron matricularse en igualdad de condiciones que el hombre. Sin embargo, en otros países europeos tuvieron que esperar bastante más: por ejemplo, la mujer recién accedió a la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, en 1947.[71]

